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MANGIANTINI: DE GOLEADOR A CAMPEÓN DE AJEDREZ

Por Guido Magrini

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La concentración extrema, la estrategia y la táctica a utilizar se pueden ver tanto en fútbol como en el ajedrez. Cambiará el verde césped por el tablero blanco y negro, los jugadores de carne y hueso por las piezas, habrá otros espacios, pero la esencia y la pasión serán las mismas.

Puede dar fe de ello Ariel Mangiantini, histórico goleador del ascenso que estuvo en actividad con la pelota entre 1988 y 2007. Hace varios años que el ex delantero está metido en el ajedrez y en 2015 llegó a su cúspide en el rubro: ganó el torneo mayor de la Federación Regional de Ajedrez de Zárate (FRAZ), que involucró a los mejores jugadores de dicha ciudad bonaerense, pero además de otras zonas aledañas como Campana, Lima y Capilla del Señor.

En diálogo con “Crónica del Ascenso”, Mangiantini explicó los motivos de su entusiasmo por la reina, los alfiles y los peones: “El ajedrez estuvo siempre en mí, cuando era profesional en el fútbol no podía meterme de lleno, con el fanatismo que se vive en Argentina si me iba a mal iban a decir ‘porque está paveando con ese jueguito’. Siempre jugué partidas rápidas a nivel amateur, pero cuando dejé el fútbol empecé a competir en torneos en serio”.

El legendario artillero, que hoy tiene 44 años, explica la rareza de haberse coronado en el importante torneo ya que “no le dedico nada de tiempo. Me quedó la base que había aprendido de chico pero después no seguí estudiando. Y en el ajedrez siempre hay variantes, cosas nuevas, evoluciona todo y lo antiguo está todo refutado”. Por el certamen que ganó se mostró orgulloso ya que “es una plaqueta que queda inmortal”.

Quien fuera goleador del CADU (donde se inició), Ferro, Temperley, Tristán Suárez y Lamadrid, entre otros clubes del país y el exterior, cuenta que cada vez juega más y su nivel crece, aunque no se puede soslayar que es prácticamente imposible vivir de mover las piezas: “Los premios son mínimos, no existe vivir de esto. Salvo que seas maestro internacional o tengas un circuito armado, muy pocos pueden vivir del ajedrez”. Y plantea que “al tener claras las reglas de que es un hobby, lo encarás de otra manera, estás obligado a tener otro trabajo. En el fútbol el dinero es otra cosa, capaz agarrando una migaja, hacés plata. Y es muy amplio, podés ser desde intermediario hasta profesor de una escuelita”.

Mangiantini da una brillante apreciación de lo que siente jugando al ajedrez: “Es una locura, es una belleza, al ganar te sentís como un científico con esa última gota que sirve para descubrir el experimento justo. Es apasionante cuando encontrás la jugada ganadora”. Sobre los estilos narra que “en el tablero se manifiesta si sos estructurado, limpito y ordenado, o el loco y bohemio, que soy un poco yo. En el tipo de juego se ve todo lo que sos”. Y por último añade que “el inventivo, la gambeta o el sombrero no está en los libros de fútbol, por eso digo que no estudio para jugar al ajedrez, porque mi fuerte es lo innato. El que estudia, en las primeras 10 ó 12 movidas no tiene problemas porque eso está en los libros, pero después no hay teoría y se empieza a ver la capacidad y la creación de cada uno”.

Interesante ping pong

Mangiantini se prendió al juego de “Crónica del Ascenso”, que le propuso trasladar imaginariamente las piezas del ajedrez a una cancha de fútbol. Si dejaran el tablero y fueran al verde césped, ¿qué puesto ocuparían? ¿Cuál sería su injerencia? Haciendo la salvedad que al rey, “no se le puede poner un valor porque es un objetivo a alcanzar”.

Reina: “Es el 10, el distinto. Si el equipo jugara sin 10, entonces la reina en la cancha sería el más desequilibrante del equipo, el de más jerarquía”.

Torres: “Serían los dos centrales, porque los equipos se arman de atrás para adelante, para mí son importantísimos”.

Alfiles: “Podrían ser los delanteros por afuera, o los extremos. Dependiendo el juego que hacés, pueden ser una especie de Piojo López, Guillermo Barros Schelotto o Claudio Caniggia, que te dejan mano a mano con algún centro picante o alguna diagonal. Yo apunto a eso, hacer daño con la diagonal hacia adentro”.

Caballos“Serían una especie de doble cinco, se mueven para todos lados, para atrás para adelante, cubren bien las espaldas y los distintos espacios. Son muy molestos”.

Peones: “Son los obreros del equipo, los que pasan más desapercibidos. Es difícil que te ganen un partido pero también por las funciones que ocupan. Podrían ser los laterales del equipo, el 4 y 3, con la diferencia de que en el ajedrez no pueden volver. El peón es noble, es necesario. A veces hay que entregar alguno como estrategia”.

Gran trayectoria

La carrera de Mangiantini fue prolífica en cuanto a goles (marcó 197) y también en clubes. El oriundo de Zárate debutó en el equipo de la ciudad, CADU, donde logró dos ascensos en varios ciclos. En el medio “hubo un interés de Racing y también llegué a hacer la pretemporada con un equipazo de Lanús que integraban Ibagaza, Vilallonga, Roa, el Tata Martino, y Patricio Hernández como DT, pero no se llegó a dar”, cuenta el ex goleador.

Luego fue a Deportes Concepción de Chile, y el Monterrey de México lo compró en 250 mil dólares (una cifra récord para un jugador de la C, aunque no jugó en ese club por el cupo y fue a préstamo al Saltillo, de la Segunda). Tras esa excursión por el norte de América, recaló en Lucchese, en la Serie B italiana, volvió a Chile para jugar en Santiago Wanderers, y retornó al país para ponerse las camisetas de Lamadrid, Tristán Suárez, Temperley y Ferro (con quien sumó el tercer ascenso en su carrera).

Y volvió a viajar: jugó en Deportivo Cuenca de Ecuador y los equipos bolivianos de Independiente Petrolero, Oriente Petrolero (ahí disputó la Copa Libertadores), Blooming y Real Potosi. El último paso en el país fue por Deportivo Merlo y Fénix, donde se retiró.

http://www.cronica.com.ar/article/details/99918/mangiantini-de-goleador-a-campeon-de-ajedrez,