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LA HORA DE KARJAKIN, EL NIÑO PRODIGIO DEL AJEDREZ

FRANCISCO CABEZAS

Sergey Karjakin (Simferopol, antigua Unión Soviética, 1990) aprendió a jugar al ajedrez a los cinco años. A los siete, dejó de ir al colegio. A los 10, comenzó a tartamudear por un «susto» del que prefiere no hablar. Y a los 12 (más siete meses, concretamente) se convirtió en el Gran Maestro Internacional más joven de siempre. Bobby Fischer o Judit Polgar lo fueron con 15 años. La precocidad la calculó al milímetro un padre que vio algo extraordinario en aquel crío que retaba a su abuela de 90 años a las damas. Su gran momento está a punto de llegar.

Karjakin será quien intente arrebatar el título de campeón del Mundo de ajedrez aMagnus Carlsen, nacido también en 1990, otro niño prodigio que logró el título vitalicio de Gran Maestro Internacional con 13 años, cuatro meses y 27 días. «Es un cambio de guardia. El campeón Carlsen y el aspirante Karjakin nacieron ambos en 1990, año de mi quinto enfrentamiento con Karpov», exclamaba el legendarioKasparov en las redes sociales tras finalizar ese Torneo de Candidatos celebrado en Moscú en el que el rubio ajedrecista (cuatro triunfos y tres tablas) se llevaba por delante en la última jornada a la gran esperanza americana, Fabiano Caruana. Estados Unidos, que acogerá la cita por el título mundial el próximo mes de noviembre, seguirá penando su suerte. Desde que el atormentado Fischer derrotara a Spassky en 1972, ningún estadounidense ha sido capaz de llegar a la cima del ajedrez.

Le sobran motivos a Vladimir Putin para frotarse las manos. Karjakin, nacido en la que es ahora la capital de la anexionada Crimea, abandonó la nacionalidad ucraniana para convertirse en ruso. Una lengua que aprendió sin tomar una sola clase, alejado de las reglas gramaticales, simplemente memorizando palabras, letras, orden de las comas. Al Kremlin le costó poco atender a las evolución infantil de Karjakin. En 2009 le ofreció la residencia. El chico sólo pidió una condición, que también le dieran un apartamento donde vivir.

Rusia, que siempre llevó el ajedrez a la condición de arma geopolítica, se hacía así con un niño prodigioso. Si bien es cierto que no consiguió su primer gran torneo hasta los 19 años, sus gestas infantiles llegaron a estremecer. En el Mundial de 2002, Ruslan Ponomariov se proclamó campeón con sólo 18 años. Pero la proeza fue aún más rocambolesca. Su entrenador tenía 12 años. Era Karjakin. El vencedor tuvo el detalle de regalarle su ordenador portátil. Ahora maneja uno exclusivo, más humilde que la máquina manejada por Carlsen, y que le costó unos 5.500 euros, tal y como explicó en una entrevista en el medio ruso Sport-Express.

Su irrupción en el panorama internacional fue tal que los otros Grandes Maestros se lo pensaban dos veces antes de poner en juego su prestigio ante el imberbe Karjakin. Sobre todo, después de ver cómo con 14 años, y exprimiendo esa defensa y frialdad con la que manejaba sus virtudes tácticas, derrotaba en una partida de ajedrez blitz a Vladimir Kramnik, tres veces campeón del Mundo.

Al contrario que Carlsen, indescifrable hasta niveles insospechados, a Karjakin no le cuesta sonreír y empatizar con sus rivales. Nada y juega a tenis. En la piscina, puede seguir rumiando variantes. En la cancha, logra desconectar su cerebro del ajedrez. Sólo admite una tortura a la que no ha logrado poner remedio. El sonido del rotulador sobre el papel. Le vuelve loco.

http://www.elmundo.es/deportes/2016/03/29/56f98c5422601dc21e8b45e7.html